Una figura bonita pero invisible...
Hola a todos y a todas. Esta semana nos han dejado elegir a nosotros el tema que queramos, por eso yo he elegido hablaros sobre la figura del educador/a social.
Como bien sabréis muchos de vosotros/as la figura del educador/a social no está bien vista del todo, ni tampoco valorada lo suficiente...
Esta figura no se puede entender aislada, ya que forma parte de un sistema más amplio, el del trabajo social, y ahí es donde aparecen muchas de las contradicciones que explican su precariedad, sus riesgos y esa sensación de "tener que hacerlo todo".
Lo que es el trabajo social, en su esencia, intenta sostener a personas y colectivos que quedan fuera o en los márgenes del sistema, como es la pobreza, la exclusión, la violencia, la salud mental, la migración, etc... Pero ese mismo sistema que genera estas situaciones son los que muchas veces no destina los recursos suficientes para abordarlas. Ahí es donde entran los educadores sociales, en primera línea, intentando compensar las carencias estructurales.
Y eso, obviamente, tiene consecuencias directas.
Por un lado, la precariedad laboral no es casual. Está ligada a cómo se organiza el propio sistema de servicios sociales, muchos programas dependen de subvenciones, licitaciones o decisiones políticas cambiantes. Esto hace que los educadores sociales trabajen con contratos temporales, sueldos ajustados y poca estabilidad. No es que su labor valga menos, sino que el modelo que se inserta está infrafinanciado.
Esta falta de recursos también explica por qué el educador social acaba asumiendo múltiples roles. En teoría, hay equipos multidisciplinares como, psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas, etc. Pero en la práctica, cuando faltan profesionales o tiempo, el educador, que es quién más tiempo pasa con las personas y está más presente en el día a día, termina cubriendo esos huecos. Es quien escucha como un psicólogo, media como un trabajador social, contiene como un cuidador,... No porque deba, sino porque la realidad lo exige.
Aquí aparece otro elemento clave, el riesgo. No solo físico, en contextos donde puede haber violencia o tensión, sino también emocional. Trabajar constantemente con situaciones límite, sin recursos suficientes y con alta responsabilidad, genera desgaste. El burnout no es una excepción, es casi estructural en muchos entornos. Y ese desgaste se agrava cuando no hay reconocimiento ni condiciones dignas.
Todo esto está conectado: sistema con pocos recursos + profesionales con sobrecarga + funciones difusas + mayor riesgo emocional y físico + precariedad laboral.
Lo paradójico es que, pese a todo esto, el trabajo social y la educación social son pilares fundamentales. Son quienes sostienen procesos invisibles pero esenciales, como evitar que un menor abandone completamente el sistema, acompañar a alguien en su reinserción, prevenir conflictos mayores. Muchas veces su trabajo no se nota cuando está, pero sí cuando falta.
En resumen, la figura central del educador social en un sistema depende de su implicación, pero que no siempre le ofrece las condiciones necesarias. Por eso da la sensación de que "hace de todo", de que asume riesgos y responsabilidades que van más allá de su rol, porque, en el fondo, está tapando grietas de algo mucho más grande.
Y os preguntareis... ¿Por qué elegiste esta carrera?
Bien, pues elegí esta carrera porque no sé ignorar una injusticia, sé la importancia del simplemente hecho de estar ahí y escuchar a alguien, que no todo el mundo parte del mismo lugar en la vida y todos merecemos una segunda oportunidad en esta.
No la elegí por comodidad ni mucho menos. La elegí porque me importan las personas, sus historias, que no son fáciles ni bonitas. Pienso que tengo una sensibilidad especial hacia lo que otros pasan por alto, porque no me es indiferente.
Porque aunque a veces cueste, las personas pueden cambiar, que acompañar importa y que escuchar puede marcar la diferencia. Entiendo que ayudar no es "salvar", sino caminar al lado, incluso cuando el camino es duro.La elegí porque sé que quiero estar donde más se necesita, aunque no siempre se vea, aunque no siempre se valore.
Mi objetivo principal sería poder mejorar la calidad de vida de las personas, ofrecerles un lugar seguro y trabajar para que puedan llegar a tener un futuro brillante.
Donde más me gustaría trabajar sería en servicios sociales, en programas de familias, con menores en exclusión social.


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